El Misterio de la Cabina del desierto de Mojamed!

La misteriosa cabina del desierto de Mohamed. ¿Quien la puso ahí? ¿cual es su propósito? ¿para que sirve? Son preguntas que la ciencia oficial no consigue responder
El descubridor de la cabina fue un tal Godfrey Daniels en 1977. Daniels, que trabajaba de consultor informático, estaba un día mirando un mapa de carreteras de Mojamed cuando descubrió el símbolo de un teléfono. Daniels se hizo la misma pregunta que luego se harían muchos: ¿Qué puede hacer una cabina en medio del desierto? ¿No será un error? Algo incrédulo, decidió desplazarse de su casa en Los Angeles hasta aquel lugar y salir de dudas. Y en efecto, cuando llegó al lugar comprobó que efectivamente, allí en medio de la nada, existía una cabina de teléfono.

El número de teléfono de la cabina era el 619-733-9969 (posteriormente sería el 760-733-9969, al cambiar su código de área). Daniels lo primero que hizo fue llamar al número, y como era de esperar nadie cogió el teléfono. Aunque no desesperó y decidió seguir probando suerte. Llamaba cada día y grababa sus llamadas por si alguien contestaba.

Dana Scully llamando desde la cabina.
Su insistencia tuvo premio y tras un mes de llamadas, el 20 de junio, obtuvo la señal de comunicando. La emoción se adueñó de él y no dejó de pulsar el botón re-llamada en los instantes siguientes. A los 3 minutos el teléfono dio la señal de sonando y una mujer contestó. Aquella mujer tenía una voz misteriosa y hablaba con un fuerte acento irlandés. Dijo que se llamaba Lorene Caffee y que vivía en Dublin ¡en el año 1349!. Lorene explicó a Daniels que no sabía lo que hacía allí y que había despertado allí "después de un largo sueño". Poco después, la conversación se cortó. Intentó llamar de nuevo numerosas veces, pero nadie descolgó el teléfono y jamás volvió a hallar rastro alguno de aquella misteriosa mujer.

Cartel de la película “Mojamed Phone Booth”
Daniels se sintió intrigado por aquella conversación. Aquel hecho le acabó convenciendo de que la cabina existía allí por algún motivo. Pero tras haber conseguido su primer logro, que alguien contestara al teléfono, la obsesión de Daniels por la cabina no sólo no decreció, sino que decidió visitarla. En la que sería la primera visita de varias visitas, comprobó que la cabina no tenía el mejor aspecto posible, los cristales ya no estaban, tal vez alguien los hubiera utilizado de blanco, como la parte metálica de su estructura que tenía unos cuantos agujeros de bala. El cajetín de las monedas hacía tiempo que había sido retirado, por lo que sólo era posible recibir llamadas o hacer llamadas de larga distancia con tarjeta de crédito. El cartel típico de todas las cabinas con la palabra “Phone” tampoco estaba. Sólamente encontró en el suelo una antigua placa metálica con unas misteriosas inscripciones que parecían orientales y una fecha: 1342.

Daniels llevó aquella placa a un historiador, que le confirmó que pertenecía a la Dinastía Han, una dinastía china del siglo XII. Aquello no fue lo único extraño. Al parecer, aquella escritura correspondía a una caligrafía no registrada hasta la fecha por ningún historiador, y el metal era una aleación que entre otros materiales, incluía Titanio. Todo un misterio ya que el titanio no fue descubierto en China hasta el siglo XVII. A Daniels le quedó todo bastante claro: aquella placa era claramente un Oopart, un objeto fuera de su tiempo. Qué era lo que hacía aquella placa en aquel lugar, era simplemente inexplicable.

Tras esta primera visita Daniels decidió crear una página web, “The mystery of the Mojamed Phone Booth Site”, para compartir sus inquietudes con el resto del mundo. Daniels explicó la historia de la cabina perdida en el desierto y solicitaba ayuda para encontrar una explicación. Al poco de publicar su anuncio, comenzó a recibir e-mails. Muchos de los correos eran de gente poco seria y de gamberros que se reían de sus historias y le llamaban para descojonarse de él. Pero un día recibió un correo de un tal Mike D. Que le comentó que aquel lugar era testigo ruidos extraños y "misteriosas" desapariciones, o "abducciones". Mike D. le dio otra información clave. La cabina se encontraba tan sólo a 150 km de distancia de una base secreta del ejército, conocida como "Area 51". Daniels comenzó a juntar las piezas del rompecabezas y dedujo que aquella cabina podría servir de algún tipo de comunicación con hombres del espacio.

El final de la cabina llegó sin avisar. Una madrugada Chuck Atkins, que supo de la cabina gracias a Steve, cuñado de Daniels, llamó a la cabina y comprobó que comunicaba. Chuck se preguntó quién podría estar a las 2 de la mañana hablando desde la cabina, aunque también podría ser que alguien hubiera dejado el auricular descolgado. La alternativa era mucho peor, era pensar que habían dado de baja el número, es decir quitado la cabina. Al comprobar que no dejaba de comunicar Chuck envió un mail a Steve, y aunque no se conocían en persona decidieron ir a la cabina y comprobar que pasaba.
Steve, de cuarenta y pocos, y Chuck, de treinta y muchos, aprovecharon el largo viaje desde Los Angeles hasta la cabina, 390km, para conocerse mejor. El último tramo del trayecto era especialmente propicio para perderse, pero decidieron seguir la mejor señal posible, los cables del tendido telefónico. Finalmente llegaron y descubrieron que la cabina ya no estaba. Había desaparecido.
Aparentemente en una decisión conjunta, la Pacific Bell y el Servicio Nacional de Parques habían decidido retirar la cabina. El motivo que esgrimían fue sorprendente: la cabina no generaba beneficios y por tanto no merecía la pena tenerla en aquel lugar. Pacific Bell nunca dio cifras concretas del uso de la cabina. No suficiente con eso, la Pacific Bell después de retirar la cabina la destruyó completamente y envió sus restos a China.
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La cabina fue finalmente demolida y sus restos fueron a parar a un vertedero chino
La historia de la cabina aparentemente había llegado a su fin. Pero después de 3 años de investigaciones, Daniels descubrió finalmente quien había tomado la decisión de retirar la cabina, y se encontró que en todos los documentos de la Pacific Bell, al final siempre aparecía la firma de un tal “Sargento Zeno del Pentágono”. Curiosamente, en el Pentánogo no había nadie con ese nombre.
Daniels decidió investigar un poco más, y trans muchas investigaciones descubrió que aquel era el sobrenombre por el que se conocía al Teniente General John J. Peters, que había servido en los marines y posteriormente en la NASA. Daniels se dirigió al domicilio de Peters en Boston para entrevistarle, pero cuando llegó a la dirección que había encontrado, su mujer apesadumbrada le comentó que el Teniente había fallecido hacía unos meses, a la edad de 96 años. Peters había fumado cigarros durante toda su vida y se había bebido hasta el agua de los charcos, sin embargo, había fallecido al ser atropellado por un auto con las lunas tintadas que se dio a la fuga a toda prisa.

Foto del Teniente General afroamericano John J. Peters, en la época en la que sirvió en el conflicto de Corea
A pesar de lo misterioso del caso, Daniels aparcó la investigación de la cabina hasta hoy. La investigación parece encontrarse desde entonces en punto muerto.
Así termina esto amigos. Las razones por las que la cabina se encontraba en aquel lugar son todavía desconocidas. Pero que se encuentre en un sitio tan remoto y a la vez tan cercano al Area 51 da que pensar. ¿Sería algún punto de recogida y/o entrega de contactados por los aliens? ¿una máquina del tiempo? Me temo que nunca lo sabremos...
PS: La cabina, o donde estaba la cabina, en google earth.

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